| MI recibimiento en el aeropuertode Santander, 17 de abril 2011... |
En esta entrega, la última de verdad, todos sois protagonistas, más que yo, que lo unico que he hcho es llegar!. Gracias alas 32 personas que estuvisteis en Parayas para darme la bienvenida despues de 24 horas de viaje desde Singapur, con escala en Londres...los nervios al abrir esas puertas, vuestros gritos de WAHINE MAKAY!, WAHINE MAKAY!
| Se abrieron las puertas al mundo real...captada en accion |
MI tia MAria, organizó una de las suyas, y elaboró decenas de banderines con mi rostro, "aloha fans" que todos ondeaban, y claro está la super mega pancarta con una foto gigante de cada una de las paradas del viaje. Los transeuntes del aeropuerto se preguntaban que famosa estrella del pop acudia a Santander, mis abuelas lloraban y mis amigos en un segundo plano, flipaban con mi familia.
La merendola con calor y cariño de hogar en mi casa, todos en circulo comiendo delicias, probando rarezas de Singapur...todos me miraban, todos me preguntaban.... fue muy emocionante.
| Mamitis |
Y lso dias fueron transcurriendo, viaje a tenerife a reecuentros con mis compañeros de carrera, fui a Burgos al cumple de Campa, hice rutas dentro de mi nueva mision : "Lucia conoce Cantabria"...quedadas en el tragaluz y el rio de la pila, paseos por el sardinero, embobada con el acantilado del faro...reencontrandome con Santander y su dias d eSur, co las olas, los modernos y con ese gran porcentaje de la poblacion Santanderina que te suena de algo, y caes en la cuenta a los 10 metros...Pidiendo trabajo en Valdecilla, pensando en rellenar mis arcas agujereadas por la vuelta al mundo...
LOS RECUERDOS. Es curioso, desconcertante, real...cada receurdo mio receinte, es en un pais y con una gente extraña, lejana, y me pregunto...lucia, ¿fue real?, ahce un mes estaba en Singapur!, las ultimas olas que pille fueron en Bali!, y no comia legumbres desde....desde que me fui!
| wahine makay enseñando tesoros de allende los mares |
Cambios, fines de etapa, que me hacen poner los pies bien firme ene le suelo, mis pajaros en lacabeza me llevaron muy , muy lejos, ahora , el regreso, sana, salva, con muhcas gaans de tener una rutina, ya lo habeis oido, y cobra sentido , no?, NECESTIO UNA RUTINA!. Ahora descansando de als vacaciones y disfrutando del primer plato, segundo y postre tan naturales para los españoles...todo tan ordenadito, con los de siempre en la tele, y los 40 principales pinchandome musica latina, que ya ,me iba haciendo falta... Ahora tras la llegada, algunos testimonios de protagonistas del blog, protagonistas de mi vida...ALLA VAMOS!:
MIS PADRESS
PATRI (wonchy) y SAMU
| Primitis en medio de la merendola FANY Y CAMPA |
TIAS AMODIA Y TITA
Y despùes de conoceros y veros las caras a los que les quedaran dudas de quien se escondia tras los pseudonimos de los comentadores de Wahine Makay, os adjunto el relato que escribí nada mas llegar. Co9mo regalo-recuerdo a mi misma lo elaboré, como homenaje a este lugar y mi compañera de batalal Marie. Como respuesta a la pregunta: ¿que sitio es el que más te ha gustado?.
Mi padre encontro un concurso en una pagina de internet, mujeresviajeras.com, el relato debia de ser de un sitio especial qu te hubiera marcado en un viaje, el tema era "Un lugar que yo solo se", ¿¿mi eleccion???, seguir leyendo y lo descubrireis....... el relato se titula.....
LA PLAYA PROMETIDA.
Calor, emoción, sudor, colores, impresión.
Cuando regreso a "la vida real", tras volver de mi viaje, tantas veces soñado, y ahora realizado, pienso, siento, recuerdo. Ahora desde la distancia, sigo siendo solo semiconsciente de que hace menos de un mes estaba dando la vuelta al mundo en cinco meses.
Cuando regreso a "la vida real", sentada en mi viejo butacón, igual de confortable y en el mismo sitio de siempre, me acuerdo intensamente de noches en hamaca o pasadas al raso.
Cuando camino ajetreada por mi ciudad, de suelo pavimentado y arbolitos simétricos y perfectos recuerdo, el barro y la arena.
Cuando de regreso a la "vida real" escucho una idea que me recuerda a otra, un olor que me transporta o si con fortuna consigo recordar un sueño, me regalo a mí misma un billete de avión para un viaje breve a través de mi memoria, y soñando despierta vuelvo a esos días en Hawái, recupero por unos segundos un recuerdo de días idílicos en Kalalau Beach. Y me estremezco.
Tras un cuarto de siglo, planeando esta aventura. Un día de invierno hispano llego mi momento, lo sabía, y solo fue el mío. Sola, mochila ligera a la espalda, me embarque en el viaje de mi vida, tenía tiempo: 145 días, la distancia espacial sería: 45.000 kilómetros, mi pasaporte y el mundo entero ante mí.
La emoción de lo inesperado, de lo nuevo, el poder escribir cada día desde una página en blanco. Confiar en el azar, ser consciente de las casualidades y fiarme de mi intuición como ley de actuación frente a todas las decisiones a tomar durante 5 meses, era un reto desafiante para mí misma, y la apetecible incertidumbre dibujaba una sonrisa nerviosa en mi carita.
Hawái, sonaba tan bien que parecía mentira. Se me llenaba la boca al decirlo y cuando lo escucha, mi corazón vuela muy, muy alto.
Era la segunda parada de mi viaje, la seguridad en mi misma se había asentado arriba tras mes y medio de satisfactorias andanzas planetarias. Cuando en España nevaba, en el mes de Enero aterrice en la isla principal del archipiélago Hawaiano, Oahu.
Antes de llegar, desde casa, preparando la ruta, pensé en conocer de aquel lugar algo más que la famosa ciudad capital, Honolulu. Busqué por internet de más fotos del Estado americano del Aloha, y entonces la vi. Una cordillera montañosa de un verde sobrenatural, bañada por playas desiertas. En una zona inhóspita, salvaje, natural, sin la huella del ser humano en kilómetros a la redonda. Se llamaba Napali Coast y sin más, me enamoré.
Estaba en una isla del archipiélago llamada Kauai, la isla jardín. Solo por una foto encontrada al azar en la red muchos meses atrás decidí explorar esta ínsula, solo por una foto perseguí el rastro de la Napali Coast, y acabe en el sitio más bonito y especial que mis pupilas han captado y mis pies sentido. ¿Casualidad?, ¿azar?, ¿destino?Ávida de aventura, confiando en mi suerte me dejé llevar por el olor a piña y gambas y me embelesé con la melodía del ukelele hawaiano. Una vez en Kauai recopilé información acerca de él lugar de la foto, y comprobé que la realidad superaba la ficción. Los locales residentes en la isla jardín, me hablaron del Kalalau Trail, un sendero sinuoso siguiendo el acantilado de la costa norte, era la única forma de explorar la Napali Coast. Con un aire de leyenda y magia me explicaron como dieciocho kilómetros atraves de la selva desembocaban en la playa más bonita de todo Hawái. Y fue uno de esos momentos en los que gracias a un cristal, ventana o escaparate vi mi rostro en un espejo, y mi propio reflejo sonrió, antes de que yo misma lo hiciera.
La preparación de la ruta fue minuciosa, era necesaria cargar toda la comida para 3 días, pastillas potabilizadoras para sanear el agua de los manantiales naturales, cerillas, linterna, ropa para el recambio, solo lo imprescindible, el camino seria largo.
La buena fortuna, compañera siempre del viajero, o el destino quizás, hicieron cruzarse en mi camino a Marie, una alemana, exploradora también que viajaba durante meses. Desde el principio la reconocí, aunque era la primera vez que la veía, era un amarillo, un igual, una persona con la que conectar y compartir un trozo, una etapa del camino. La comunicación fue inmediata, eligió acompañarme y hacer nuestra mi aventura. Mi mochila se rellenaba de cosas vitales, pero el peso de mi espalda se aliviaba al saber que ella estaba allí, codo a codo en aquel sendero hacia lo desconocido, hacia la playa prometida.
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| Con Marie, refrescandonos en el camino |
En aquellos kilómetros, recorriéndolos con paso firme, con el atardecer anunciándose y obligándonos a apremiar el paso para ganar horas de luz, en ese momento de mi vida, y no en otro, me pregunte que sintió Cristobal Colon cuando buscando las indias, buscando la tierra prometida desembarcó extasiado por la belleza el continente americano. Con estos pájaros sobrevolando mi cabeza atravesé ensimismada un camino de grandes helechos, el verde suelo dio paso a una alfombra de arena blanca y brillante naciente a los pies de picos sobrecogedores y de vegetación exuberante. Juro que todo estaba cubierto de una bruma misteriosa típica de las pelis americanas. Variopintos viajeros luchaban contra las olas enormes de un turquesa adictivo, y retozaban aliviando los cuerpos desgastados tras la jornada de marcha. Me desprendí de mi apéndice, la mochila y recorrí la orilla de principio a fin, agotando sin duda mis últimas energías. Habíamos llegado a Kalalau Beach.
Los tonos naranjas del atardecer inundaron la escena, agotamos la batería de la cámara,mis lágrimas de emoción saludaban.
| Nuestro hogar en la selva-playa |
Pasó lo que tenía que pasar, como nos aconsejaron los residentes antes de emprender la ruta...solo un día en la playa, no era suficiente. Tras consejo de tribu con Marie, decidimos racionar la comida restante y quedarnos un día más en Kalalau, tres noches en total.
| kakalalau beach |
Poco tarde en descubrir que aparte de los caminantes que llegaban al atardecer y marchaban al amanecer había una serie de personajes residentes fijos en aquellos parajes. Había una comunidad hippie habitando en el valle encima de la playa, me sorprendió muchísimo. Hablar con gente que había cruzado países para llegar a la Napali Coast, para vivir voluntariamente alejados de la sociedad, construyendo casas, plantando huertos y hasta con un horno de pan, con sus propias reglas, autosuficientes con lo esencial. Indagué en los orígenes de la comunidad. Antaño en la época dela guerra de Vietnam se llamaba el campamento Tylor, cuando naturistas, hippies, surferos y veteranos de guerra desencantados con el estilo de vida norteamericano acabaron viviendo en este terreno del norte de Kauai cedido por simpatía, sin reglas ni supervisión, por Howard Tylor, el hermano de Elisabeth Tylor. Mis ojos se abrían de par en par, y mis oídos atentos y fascinados por aquel muchacho de ideas firmes que llevaba en esta playa 5 meses viviendo, sobreviviendo. Le escuchábamos mientras él compartía con nosotras sus frutas recolectadas esa mañana, enseñándonos como comer tamarindos y frutas de la pasión. El brillo de sus ojos, la firmeza en la convicción de su postura, y la idea de contemplar aquel maravilloso paisaje que el veía veinticuatro horas al día, me tenía ensimismada. Le entendí perfectamente, y mi Santander natal se me antojó gris, bullicioso, impersonal.
La extinción de provisiones marcó como seres prehistóricos, el fin de nuestra estancia en Kalalau Beach, me sentía asalvajada, parte natural del paisaje, mimetizada con el viento, tranquilizada con el constante golpear de las olas, guiada con las estrellas y el ciclo solar, sin móviles, sin relojes, sin mapas, uniformada con bikini y sombrero. Calor, emoción, sudor, colores, impresión. Para auto consolarme, hice lo único que podía hacer, me prometí ami misma regresar algún día, a ese lugar, mi esencia se encontró en paz en la playa prometida. La energía que lo bello del mundo me transmite, está ahí fuera Lucia, me repetía sin cesar, recorriendo sus cuevas en marea baja, estirándome para rellenar el agua en la cantimplora de la cascada por las mañanas, cambiando naranjas por galletas a los hippies, buscando conchas perfectas en la orilla y flores hermosas y novedosas en la jungla.
| El padre de Wahine MAkay, en la celebre postura de NZ |
Ahora después de vivirlo, solo regreso a este lugar viajando por mi memoria y viendo algunas fotografías. En tardes de lluvia, iguales unas de otras, me acuerdo del sitio del planeta donde me enamoré de una serpenteante ruta que a través de acantilados abruptos, escoltados incansablemente por el mar más bravo que jamás vi, y que al final tenia la playa prometida.
Sin planearlo, sin saberlo, sin imaginarlo. Sentí, vi, conocí, compartí, descubrí un lugar que yo solo sé. Me siento privilegiada, me desvivo, infructuosamente, creo, al intentar describir mi playa a los que quiero, y así compartir la magia de aquel paraíso. Pero las palabras nunca fueron suficientes para narrar los sueños, el mío se cumplió, era descubrirte Kalalau Beach.
Escrito queda, para la memoria, la nostalgia, el recuerdo y la locura.
Todo Lo que he aprendido, lo iré descubriendo con el tiempo,
Todo lo que he reido se acumula dentro y me da fuerzas,
Todo lo que he sentido, lo voy ahora comprendiendo,
Todo lo que he visto, espero haberoslo compartido,
Y ahora, un homenaje de reenceuntro a mi ciudad natal Santander, y todo lo que engloba, mi vida.
Mar, aire y tierra encontrados,
quieren unirse imparables.
Cada ola, mil abrazos,
racha intensa, novia amable...
Se despide con amor,
L.W.M
Lucia Wahine Makay

